Saltar al contenido

SOBRE LA CONVERSACIÓN, LO HUMANO Y LA PSICOTERAPIA

ansiedad y depresion

La palabra conversación viene del latín Conversatio, y está formada del prefijo “con” (reunión), el verbo “versare” (girar, dar muchas vueltas), y el sufijo “tio” (acción y efecto): entonces entendemos conversación cómo “la acción y efecto de reunirse a dar vuelta”

Conversar entonces va mucho más allá del simple acto de hablar, y es más próximo a dialogar, que aunque etimológicamente se asimila a aquello referente al discurso racional o lógico; en nuestra cotidianidad tiene una acepción más humana, más cercana; hablamos de dialogar para resolver nuestras diferencias; pero para dialogar, primero debemos aprender a conversar.

En mi profesión como psicoterapeuta, la palabra conversación adquiere una relevancia enorme, de hecho, la conversación es la herramienta fundamental que permite el encuentro entre paciente y terapeuta.

Cómo humanos hemos logrado desarrollar las estructuras fisiológicas y los procesos mentales necesarios para comunicarnos, en su parte objetiva y pragmática; eso da cuenta de nuestra evolución como especie; pero si llevamos el concepto de comunicación, entendiéndolo como el intercambio de información a través de un código común, a un nivel más trascendente, más espiritual si se quiere…  podemos dilucidar la profunda belleza que encierra el acto de conversar.

La imagen que esto me crea en el consultorio, es la del encuentro de dos personas que se reúnen para dar vueltas, como lo dice la etimología de la palabra, y añado: en torno a un tema de interés común; dando vueltas es que vamos “desenredando la pita” y vamos hilando de nuevo para poder tejer algo diferente, nuevo y mejor.

Las personas nos hemos olvidado de conversar; hemos perdido esa milenaria práctica de conocernos a punta de palabras y gestos, y sin querer la hemos hecho obsoleta… las exigencias de la vida moderna apenas nos da tiempo para comunicarnos, a veces solo con monosílabos o frases estereotipadas… por eso, cuando una persona pide una cita de psicoterapia, antes que resolver sus dificultades, sé que en lo más profundo de su ser la necesidad primaria es la de conversar, detener la inercia en que se encuentra atrapado, respirar profundo y reclamar un espacio para simplemente hablar, sin prisas, sin culpa, sin miedos.

Pero la condición inherente y la más valiosa del hecho de hablar, es, precisamente, la de ser escuchado; y ello implica que el corazón del paciente anhela encontrar, bajo la bata blanca, al ser humano que le va a ayudar a salir del silencio y la represión de tantos contenidos que, de tanto caer en tierra infértil, se han hecho invisibles…

Y esto se logra conversando, no comunicando, no dialogando, primero y antes que todo… conversando.

Aunque como psicoterapeutas fuimos entrenados con innumerables técnicas, desde diversos modelos y abordajes, para poder guiar lo mejor posible una sesión de psicoterapia, un psicólogo que no sepa conversar… está perdido; muchas veces es más contundente lo que se dice amorosamente en los momentos previos a iniciar la sesión, al calor de un tinto o de un agua aromática, en un espacio tranquilo y sin afanes, mirándose a los ojos, conociéndose y reconociéndose… nada como recuperar lo que antes del progreso y la tecnología nos hacía tan humanos.

Por supuesto que en el acto psicoterapéutico, conversar es como el tronco del árbol, aferrado a las raíces de la evolución, el lenguaje y la comunicación; desde el cual se desprenden procesos mucho más complejos, que exigen saberes especializados, fruto de la formación y más importante aún, de la experiencia… pero sin el tronco, cuál sería el objeto de la raíz? Cuál sería el soporte de la técnica?

Las personas pagan- conscientemente- por ser guiados de forma estructurada en sus procesos de autodescubrimiento y cambio, bajo los principios científicos que aporta la ciencia de la Psicología; hasta ahí bien… ojalá que no tengamos que ver a nuestros hijos pagando elevados costos económicos, solo para conversar un ratico, porque entonces la humanidad se habrá convertido en la temible serpiente que se devora a sí misma…

Entonces, valientes, luchemos por recordar lo esencial, conversemos… si lo sabemos hacer, la paz será más que un fin… será una bella consecuencia.